Coaching

Tu marca personal no es un problema de comunicación

Es que estás describiendo a alguien que todavía no has verificado que eres. Y mientras más alto el cargo, más grande suele ser la diferencia.

Lo escribiste tres veces y las tres suena a lo mismo. Líder cercano pero exigente. Orientado a resultados sin perder lo humano. Apasionado por los equipos de alto desempeño.

Cualquiera lo firmaría. Ese es el problema.

Y la salida habitual es buscar mejores palabras: un taller de marca personal, alguien que te ayude con el perfil, tres adjetivos más distintivos. Pero el problema casi nunca está en las palabras.

La brecha que nadie quiere mirar

La investigación de Tasha Eurich sobre autoconciencia, con cerca de cinco mil personas, encontró una diferencia difícil de ignorar: el 95% cree conocerse bien. Entre el 10% y el 15% efectivamente se conoce.

Eso significa que cuatro de cada cinco personas que escriben su marca personal están describiendo, de buena fe, a alguien que no corresponde del todo con la persona que los demás experimentan.

Y hay un agravante que importa especialmente aquí: mientras más poder tiene alguien, más tiende a sobreestimar sus propias capacidades. La razón es estructural, no de carácter. A medida que subes, cada vez menos gente tiene incentivos para corregirte. La retroalimentación se vuelve más amable justo cuando se vuelve más necesaria.

El 95% cree conocerse. Entre el 10% y el 15% se conoce. Y el poder ensancha la diferencia.

Dos autoconocimientos, no uno

La misma investigación distingue dos cosas que solemos tratar como una, y la distinción es la parte práctica.

La autoconciencia interna es qué tan claramente ves tus propios valores, tus patrones, qué te activa y qué te apaga.

La autoconciencia externa es qué tan bien entiendes cómo te experimentan los demás.

No correlacionan. Se puede tener mucha de una y casi nada de la otra, y es bastante frecuente. El ejecutivo que ha hecho años de trabajo personal y tiene un mapa fino de sí mismo, y que sin embargo no tiene idea de que su equipo lee su silencio como enojo.

Una marca personal construida solo sobre la primera produce exactamente el texto del principio: fiel a cómo te ves, irreconocible para quien trabaja contigo.

Ejecutiva de pie junto a un ventanal al atardecer, con su propio reflejo en el vidrio y la ciudad al fondo

Por qué el conócete a ti mismo se vuelve incómodo

Hay un momento en casi todo proceso de trabajo personal con alguien que dirige, y suele llegar antes de lo que le gustaría.

Es cuando aparece la distancia entre dos cosas: la persona que construyó esa carrera —que para llegar hasta ahí tuvo que ser exigente, rápida, a veces dura— y la persona que le gustaría ser hoy. Ambas son verdaderas. Y la marca personal suele escribirse describiendo solo la segunda.

De ahí viene esa sensación de impostura al publicar algo en LinkedIn. No es falta de confianza. Es la distancia entre lo que escribiste y lo que hiciste el martes a las seis, cuando el proyecto se cayó.

Lo interesante es que esa incomodidad es información, no un obstáculo. Señala exactamente dónde está el trabajo.

Qué hacer, concretamente

Nada de esto se resuelve con un ejercicio de introspección más. La introspección mejora la autoconciencia interna, que probablemente no es la que te falta.

  • Pregunta por conducta, no por impresión. «¿Cómo me ves?» no produce nada útil: produce cortesía. «¿Qué hago yo que hace más difícil traerme un problema?» produce una respuesta accionable, si la persona confía lo suficiente para darla.
  • Elige bien a quién preguntar. No al que te quiere, ni al que te teme. Al que te ha contradicho alguna vez y sobrevivió. Esa persona ya demostró que te dirá algo real.
  • Busca la contradicción, no la confirmación. Si lo que te devuelven calza exactamente con cómo te ves, lo más probable es que no estén diciendo todo.
  • Mira tu calendario antes que tu discurso. Tus prioridades reales están en dónde pusiste las horas el último mes. Si eso no coincide con tus tres adjetivos, el problema no es el texto.

Lo que esto no significa

  • No significa que la marca personal no sirva. Sirve, y bastante. Solo que es la consecuencia de un trabajo, no su reemplazo.
  • No significa que debas exponer tus procesos personales en público. Autenticidad no es transparencia total. Es que lo que muestras y lo que haces no se contradigan.
  • No significa que tengas que reinventarte. En la mayoría de los casos la persona que construyó esa carrera está bien; lo que falta es poder nombrarla con precisión en vez de con los adjetivos del sector.

La prueba más simple

Toma lo que escribiste sobre ti. Quita tu nombre. Dáselo a tres personas que trabajen contigo y pregúntales de quién creen que es.

Si no te reconocen, el problema nunca fue de redacción.

Una marca personal que no resiste a tus pares no es una marca: es una aspiración escrita en presente.

Si llevas tiempo dando vueltas a cómo contar lo que haces y nada te termina de sonar propio, lo más probable es que el trabajo esté antes del texto.

Eso es lo que miramos en la primera conversación. Treinta minutos, sin presentación comercial. Si tu situación no es de las que este trabajo resuelve, te lo digo con franqueza.

Conversemos de tu situación